El argentino que murió como héroe en el 11-S: era bombero, nació en Bahía Blanca y entró a rescatar personas de las Torres Gemelas
Sergio Villanueva tenía 33 años, había nacido en Bahía Blanca y formaba parte del Departamento de Bomberos de Nueva York. El 11 de septiembre de 2001 acudió al World Trade Center junto a la dotación Ladder 132 y nunca regresó. Dos días después tenía previsto firmar el contrato del salón para casarse con su prometida.
11 Sep, 2026 · 18:40

A 25 años de los atentados contra las Torres Gemelas, la historia de Sergio Gabriel Villanueva sigue siendo una de las conexiones argentinas más conmovedoras con aquella tragedia. Nacido en Bahía Blanca y criado desde pequeño en Nueva York, fue uno de los 343 bomberos que murieron el 11 de septiembre de 2001 mientras participaban de las tareas de rescate.
Villanueva tenía 33 años y una vida llena de proyectos. Estaba comprometido con Tanya, restauraba una casa, tenía junto a ella un negocio en Queens y planeaba formar una familia. El 13 de septiembre, apenas dos días después del atentado, la pareja tenía una cita para firmar el contrato del salón donde celebrarían su casamiento. La boda estaba prevista para el 1° de agosto de 2002.
Sergio había nacido el 4 de julio de 1968 en Bahía Blanca. A comienzos de la década de 1970 emigró con su familia a Estados Unidos y creció en Queens, donde mantuvo siempre un fuerte vínculo con sus raíces argentinas.
El fútbol era una de sus grandes pasiones. Seguía a la Selección argentina, organizaba partidos y jugaba para el equipo del Departamento de Bomberos de Nueva York. Su fanatismo era tal que, según recordaron sus allegados, podía quedarse ronco durante días después de un encuentro de la Albiceleste.
Dos días antes de su muerte había sido protagonista de un partido entre bomberos y policías: convirtió el gol que le dio a su equipo la victoria por 1-0.
De policía a bombero de Nueva York
Antes de convertirse en bombero, Villanueva desarrolló una extensa carrera en la Policía de Nueva York. Ingresó en 1992 y trabajó en el Precinto 46 del Bronx y posteriormente en la División de Narcóticos, donde llegó a desempeñarse como agente encubierto.
En 1998 fue ascendido a detective, pero su camino profesional cambió dos años después. Cuando consiguió una vacante en el Departamento de Bomberos, abandonó la Policía para comenzar una nueva etapa.
Primero fue destinado a Engine 4, cerca del World Trade Center. Más tarde pidió el traslado a Ladder 132, en Brooklyn, una unidad especializada en tareas de rescate.
Allí también se ganó el cariño de sus compañeros. Además de su trabajo como bombero, Villanueva era reconocido por otra habilidad heredada de su familia: cocinar. Había aprendido en el restaurante que tenía su padre en Queens y trasladó esas recetas al cuartel.
El último turno y la alarma que cambió todo
El lunes 10 de septiembre de 2001, Sergio se despidió de Tanya y se dirigió al cuartel para cumplir un turno de 24 horas. Debía regresar a su casa durante la mañana siguiente.
Pero a las 8.46 del martes 11 de septiembre, el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte del World Trade Center. A las 9.03, un segundo avión chocó contra la Torre Sur.
Villanueva ya había terminado prácticamente su jornada y se preparaba para volver a casa cuando sonó la alarma.
En lugar de retirarse, se cambió y se sumó inmediatamente al operativo de emergencia.
Ladder 132 fue una de las primeras dotaciones que respondió al ataque. Los bomberos salieron desde Brooklyn rumbo a Manhattan y llegaron al complejo del World Trade Center para participar de las tareas de evacuación y rescate.
Sergio ingresó junto a sus compañeros. Nunca volvió a salir.
Su familia pudo reconstruir posteriormente que la dotación había entrado a la Torre Sur y se encontraba realizando tareas de rescate cuando el edificio colapsó a las 9.59.
Su prometida esperó durante 26 días
Mientras todo ocurría, Tanya seguía las noticias desde su casa en Queens. Intentó comunicarse con el cuartel y con el teléfono celular de Sergio, pero no consiguió localizarlo.
Durante los días posteriores se aferró a la posibilidad de que estuviera vivo entre los escombros o participando de las tareas de emergencia.
Incluso el 13 de septiembre, fecha en la que debían firmar el contrato para su casamiento, llamó al salón para pedir que conservaran la reserva porque seguía convencida de que su prometido regresaría.
La confusión de las primeras horas alimentó todavía más esa esperanza. En un momento, la familia recibió la información de que Sergio no aparecía entre los desaparecidos. Poco después descubrieron qué había ocurrido: su apellido estaba en la última página del listado y esa hoja no se había impreso inicialmente.
Tanya mantuvo durante 26 días la esperanza de volver a verlo. Finalmente comenzó a aceptar que Sergio no regresaría.
Sus restos nunca fueron encontrados.
La familia decidió esperar hasta que concluyeran oficialmente las tareas de búsqueda en Ground Zero para despedirlo. En junio de 2002, alrededor de 2.000 personas participaron de la ceremonia en su memoria, entre bomberos, policías, familiares, amigos y vecinos.
El número 10 que quedó para siempre sin dueño
El legado de Villanueva también quedó ligado al fútbol. Tras su muerte, el equipo del Departamento de Bomberos de Nueva York decidió retirar su camiseta número 10.
Además, familiares, amigos y compañeros impulsaron la Firefighter Sergio Villanueva Soccer Foundation, una organización que convirtió su pasión deportiva en una forma de mantener vivo su recuerdo. Según la información recopilada, la fundación entregó más de USD 150.000 en becas y realizó actividades futbolísticas para miles de jóvenes.
Una de las camisetas de la Selección argentina que pertenecieron a Sergio fue donada por Tanya al 9/11 Memorial & Museum, donde pasó a formar parte de la exposición permanente.
Su historia también llegó al fútbol argentino. Integrantes del equipo de bomberos de Nueva York viajaron a Buenos Aires y fueron recibidos en Boca, donde participaron de distintas actividades y recibieron un reconocimiento en su memoria.
A 25 años de los atentados, Sergio Villanueva permanece como uno de los 343 bomberos de Nueva York que murieron durante las tareas de rescate del 11-S. Había nacido en Argentina, construido su vida en Queens y aquella mañana, cuando su turno ya estaba terminando, decidió responder a la emergencia junto a sus compañeros.
